Bienvenidos a "El Libro de Kida"
La leyenda cuenta que hace muchos años atrás, una pareja de campesinos Ann y Ethan dieron a luz a una niña, a la que llamaron Anthea Eirhin. Sin un sustento para mantenerla, la joven pareja entregó a las muchachas en adopción a una familia que no podía tener hijos.
Anthea, la primera en nacer, fue entregada a una familia de la que la joven pareja nunca conoció siquiera el nombre.
Once años más tarde, nacería Kida, y la pareja estaba peor que cuando habían dado en adopción a su primera hija. Esta vez no solo la miseria en que Vivian, había obligado a Ann y Ethan a dejar a una de sus hijas, sino que también habían recibido una proclamación real anónima, de que la niña corría peligro en ese reino.
Los años pasaron y de Ann y Ethan Eirhin, solo se supo que murieron poco después por causa de una extraña enfermedad.
Se dice que Anthea fue acogida por una familia de nobles, pues la mujer no había podía quedar en cinta sin arriesgar su vida, por lo que, tras tener a su única hija legitima, Evie, decidieron adoptar a Anthea, tras leer el informe que había de ella en aquel orfanato.
La familia a cargo de Anthea, un día le explicaron a la muchacha la razón del porque estaba en aquel lugar, le explicaron la situación en que sus padres se encontraban en el momento de dar a luz a ella y a su hermana, de la que los nobles solo conocían su nombre. "Kida".
Dada su excelente condición económica y su estatus entre la sociedad, Anthea pronto fue conocida entre la jerarquía como la heredera de parte la fortuna que su familia adoptiva conservaba desde hacía generaciones... Entonces fue cuando la avaricia comenzó a apoderarse de ella.
Cuando Anthea cumplió la mayoría de edad, exigió a sus padres que le entregaran la parte que le correspondía de su herencia, y al recibir la negativa de estos, Anthea degolló no solo a sus padres, sino que también a su hermanastra y a toda la servidumbre de la mansión, tomo el porcentaje de su herencia y el de su hermana y abandonó el reino en que había nacido, y desapareció de la faz de la tierra por mucho tiempo.
Kida en cambio, fue acogida por una familia de clase media que vivía al sur del reino en que había nacido. Sus padres adoptivos le explicaron las razones del porque sus padres la habían dado en adopción cuando apenas era una niña, sin embargo, la familia que cuidaba de Kida no sabía que la niña tenía una hermana y Kida creció creyendo que era hija única. No tenía los más grandes lujos, pero nunca le falto nada y la muchacha no parecía necesitar de nada en realidad.
El día de su séptimo cumpleaños, ocurrió algo que marcaría a Kida Eirhin, por el resto de su vida.
La familia que la había adoptado hacía siete años, tenía tres hijas que eran mayores que Kida, y con quienes se llevaba como si fueran hermanas de sangre. Aihn, Rima y Eda Song.
Y durante el cumpleaños de Kida, la humilde casa de los Song fue asaltada por un extraño y misterioso ejército, que se hacían llamar "El ejército Fredixon"
Aquellos soldados habían amordazado a todas las mujeres de la casa en sus respectivas habitaciones, y al Sr. Song lo habían asesinado apenas habían irrumpido en la casa.
Eda, una de sus hermanastras, había escondido a Kida en la alacena de la cocina, donde afortunadamente su pequeña estatura había sido una ventaja para ocultarse allí, donde no fue encontrada por aquel ejército que no solo habían allanado su humilde hogar, si no que la ciudad entera había sido blanco de ataque y saqueos.
—Pase lo que pase no salgas de aquí Kida ¿entendido?— la pequeña solo asintió aterrada y sollozando, mirando a su hermana, la que cerró la puerta de la alacena una vez que la pequeña entro en ella.
Podía oír los gritos de su madre y de sus hermanas en el piso de arriba, oía el ruido que hacia algo azotando las paredes y el suelo. La pequeña asustada y preguntándose la razón de semejante acto ante quienes la habían cuidado por un tiempo, cubrió sus oídos y cerro sus ojos para no oír los desgarradores gritos de su familia adoptiva al ser asesinados.
Se dice que cuando la joven ya no oyó ruidos en la desmantelada casa, salió de su refugio y encontró en el piso de la cocina a sus padres muertos, habían sido apuñalados hasta la muerte. Y llorando se dirigió a los pisos superiores donde también la destrucción había sido casi completa, y al igual que sus padres, sus hermanas estaban en el suelo sobre un enorme charco de sangre, les habían disparado en la cabeza a dos de ellas, pero Eda, aún seguía viva y la pequeña corrió en su ayuda.
Se dice que Eda, antes de morir le dio un libro a Kida, un libro que había sido entregado con ella a la familia el día en que fue adoptada.
"Cuando sea el momento, debes leer este libro, en el encontraras todas las respuestas que buscas"
Se dice también, que Eda, con sus últimas fuerzas, le dijo que no debía confiar en nadie, y que fuera hacia el norte, que huyera de esa parte del mundo, que había sido gobernado por un ser despiadado y cruel.
"Ve a Firesky, ve a la tierra de la libertad"
La joven huyó de casa tras ver a su hermana y toda su familia morir prácticamente frente a sus ojos. Era una noche de lluvia intensa, una tormenta, y además era el día de su séptimo cumpleaños. Y ella al igual que Anthea, desapareció de los registros del mundo hasta hace unos días que Ebhen fue a buscarla a un burdel donde ejercía el oficio de "dama de compañía".
Aclaraciones:
Este escrito esta en progreso, no he subido ningún capitulo aún, y no lo haré hasta que haya conseguido investigar todo lo que necesito para seguir escribiéndolo, por ahora sólo les dejo esta pequeña parte y espero que les guste.
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| Aviso |
Capítulo 2: Aviso
Era más de media noche y una tormenta azotaba a la gran Ciudad de Nor. El viento soplaba con fuerza llevándose con él algunos tejados y árboles que eran arrancados de los techos y desde la raíz, respectivamente, por la fuerza y velocidad con la que soplaba.
En medio de aquella feroz tormenta corría una niña que seguramente no pasaba de los siete años, y que a duras penas esquivaba todo escombro que el viento traía con él, aunque uno que otro desecho le daba de lleno y con la lluvia mojando todo su cuerpo luchaba por seguir con vida.
"Sal por el sótano...-" recordaba las palabras de una de sus hermanas, la única que había sobrevivido "sal por el sótano y huye lejos de aquí, no te han visto..."
"Herm..." su voz había sido ahogada por la ensangrentada mano de la joven, y dándole un beso en la frente a su moribunda hermana abandonó lo que horas antes era su hogar y donde celebraban justamente su cumpleaños.
La niña no llevaba más ropajes que una capa de tela con capucha, una playera remendada, una falda hecha jirones y lo peor, es que la pequeña niña iba descalza. Sus pies estaban lastimados y ensangrentados por ir pisando clavos, restos de vidrio, astillas y cables que caían al suelo empapado. Era una niña de llameantes ojos azules, morena y largo cabello negro y lloraba mientras gritaba por ayuda. Nadie la oía, pues su voz era apagada por el tronar de los relámpagos truenos, y uno que otro poste del tendido eléctrico que soltaba chispas al caer al suelo, y los cables que terminaban por cortarse, se agitaban peligrosamente liberando electricidad y que por el fuerte rugir del viento y de la lluvia terminaban golpeando el cemento.
Sin embargo, esa niña llevaba con ella un libro. Un libro que para la niña seguramente era muy importante, lo aferraba a su pequeño cuerpo. Lo llevaba envuelto en una bolsa de plástico transparente.
—Ayúdenme... quien sea ayúdeme por favor...—
La muchacha apenas lograba divisar lo que la rodeaba. Solo la luz que emitían los relámpagos era la única iluminación que tenía. La pequeña tropezó con algo mientras corría, hiriendo aún más sus pies. Rodo unos metros quedando de cara al negro cielo que había esa noche, y aferrando con fuerza el libro en su pecho, y rogando poder salvarse sus ojos se cerraron levemente.
Y justo cuando la oscura y tormentosa noche iluminaba una vez más la ciudad de Nor, la silueta de alguien se interponía entre el iluminado cielo y la niña.
—Por favor ayúdenme... quien quiera que se ayúdeme...—
La muchacha veía la sombra de alguien que la miraba desde arriba, aunque ella veía esa sombra del revés extendió su pequeña mano para tocar la cara que estaba empapada ahora no solo por la lluvia, sino que también por sangre.
—Hay que llevarla con Carlota, ella sabrá que hacer—
—Quien es...Carlota...— pregunto la pequeña, sin embargo, su vista poco a poco se volvió más borrosa hasta que de pronto ya no supo de nada más.
*****************
El cabaret:
Llamaban con fuerza a la puerta de su habitación.
Abrió los ojos de par en par, asustada y se removió entre las mantas inquieta. Había tenido una pesadilla, una que quería olvidar, una que le dolía. Pero no tuvo mucho tiempo para alejar aquellos recuerdos de su mente, alguien llamaba a su puerta aporreándola a golpes.
—¡¡Kida!!— decía alguien al otro lado de la puerta que estaba empapelada de posters de una historia de piratas que le gustaba mucho.
La muchacha se removió otra vez, entre las mantas de su cama intentando ahogar el aporreo de su puerta.
—¡¡Tienes trabajo maldita perra, levántate de una vez o entraré a la fuerza!!—
—¡¡Son mis vacaciones maldita sea!! Déjame en paz Troy— respondió la muchacha desde debajo de las mantas haciendo que su voz sonara ahogada.
—¡¡Voy a entrar!!— amenazó la voz de ese hombre, que sonaba grave y autoritaria- voy a entrar son órdenes de Carlota-
—Quiero ver que lo intentes...— murmuró la chica sentándose en borde de su cama, una vez que se hubo despertado del todo, tomó dos revolver que estaban a su alcance entre la marquesa y el colchón, y se ponía de pie sobre ésta en posición de ataque. Llevaba una pijama bastante atrevido, prácticamente se podía decir que estaba desnuda de no ser por la bata negra de encaje que llevaba y la lencería diminuta que cubría en parte su cuerpo.
La puerta cayó al suelo, rasgando uno de los poster que había en la pared, que era de los mismos que había en la puerta.
—Dije que son mis vacaciones— dijo calmada la muchacha, y desde su cama apunto directamente a la cabeza del hombre que acababa de entrar a la habitación.
Era un hombre joven, bien parecido, moreno de cabellera castaña y ojos color miel, pero era un maldito que en más de una ocasión había intentado aprovecharse de la muchacha. El hombre llevaba unos vaqueros negros de los que colgaba una delgada cadenita en el cinturón, y una camisa blanca abierta en el pecho.
La joven apretó el gatillo de su arma, y la bala paso rosando la cabeza del intruso.
—¡Largo!— dijo la mujer — o te meto una buena bala entre los ojos.
El hombre llamado Troy, palideció al notar que nada más tenía un leve corte en su cara.
—¿Fallo a propósito?— se preguntó mientras llevaba su mano hasta su lastimado rostro quitando la sangre que emanaba de la leve herida.
La muchacha bajó de su cama sin dejar de apuntar a Troy.
—¡Largo!— repitió ella — ¡lárgate de aquí y no vuelvas a aparecerte por mi cuarto y mucho menos te atrevas a amenazarme!— dijo mientras avanzaba hacia ese hombre.
—¡Eres una demente!— le espeto ese sujeto.
La muchacha, quedó a sólo centímetros del joven, y llevó uno de los revólveres a la garganta de éste dejando la boca del arma en la parte baja del mentón, y la otra la posó sobre la entrepierna del hombre.
—Tienes tres segundos para reponer mi puerta y desaparecer de mí vista...uno...— comenzó a contar.
El hombre aterrado ante la amenazadora presencia de la chica escapo, huyó como un cobarde.
—Maldita sea, ese imbécil destruyo mi póster... no se lo perdonaré...— refunfuño mientras se guardaba los revolver en la liga que llevaba en sus piernas, y levantando la puerta.
—¿Otra vez peleando Kida?—
—Silvanas, buenos días— saludó la chica llamada Kida.
—¿Quién fue ésta vez?— siguió preguntando Sasha otra chica que trabajaban en el burdel junto con ella, y que se asomaban por marco de la puerta. Era una chica más alta que Kida, de melena hasta los hombros y rubia, tes blanca y ojos turquesa, llevaba una playera ajustada y short, con su bata de seda rosa.
—Ese maldito de Troy... intentó entrar a mi habitación, y son mis vacaciones... ahora que lo recuerdo, dijo que esa maldita vieja caliente lo envió...—
—Estás en lo correcto— decía una chica de tes blanca y de ojos color ámbar, su cabello atado en una elegante coleta era de un castaño ceniza hermosa. Llevaba unos jeans azules, unos botines café peluditos, un abrigo negro que le cubría hasta gran parte de su rostro, y unos guantes blanquecinos que cubrían sus manos. Llevaba en ellas una tabla con unos papeles en los que estaba enfrascada mientras hablaba con Kida, quien era ayudada a reponer la puerta de su habitación por sus amigas.
—¿De qué hablas? — Dijo Kida, asomándose por el umbral de la puerta.
—Troy venía a informarte que hoy tienes un cliente. Ha pagado por adelantado el servicio y vendrá al Burdel a eso de la medianoche.—
—Maldición Romi, ¡son mis vacaciones!— se quejaba cuan niña pequeña haciendo berrinches.
—Aquí está tu comisión— dijo la mujer extendiendo su brazo para hacerle entrega de un sobre que tenía su nombre.
Kida lo tomó a regañadientes, ya estaba muy molesta por el simple hecho de haber despertado por culpa de esa pesadilla y más encima por el reciente enfrentamiento con Troy.
—¿Tengo que hacerlo Romi?— pregunto la muchacha.
Romi asintió.
—Tienes que pasar por la oficina luego Kida, hay unos papeles que debes firmar— dijo y con un gesto de la mano se despidió de Silvanas, de Sacha y Kida.
—Hoy tenía otros planes...— decía Kida, soltando del todo la destruida puerta, haciendo que Sasha y Silvanas, se sobresaltaran por el repentino peso que debían equilibrar.
—¿Dónde es qué vas cada fecha de tu cumpleaños? Desde que llegaste, lo haz echo, ¿a dónde vas?— decía Silvanas con dificultad, pues el peso de la puerta era considerable incluso para dos chicas.
Kida no respondió a la pregunta que le hacía Silvanas tras dejar la puerta entre ella y Sasha, apoyada en la pared.
Simplemente la muchacha se apartó el cabello que caía por sobre su rostro, teniendo aun fresco el recuerdo de aquella fatídica noche.
—Kida— la llamó esta vez su amiga Sasha, a quien le dirigió una mirada algo melancólica, mientras la joven se acercaba a ella moviendo su mano ante sus ojos —¿Estas bien? De pronto te pusiste seria—
—Algún día les contare chicas... algún día les contare lo que hago en esta fecha— respondió sin agregar nada más.
—Sí, yo también quisiera saber dónde es qué vas cada vez que sales del burdel...—
Carlota, una mujer de avanzada edad, pero no por eso menos atractiva, estaba de pie en el umbral de la puerta.
Shasha se levantó y se quedó de pie junto a Silvanas que había permanecido junto a la puerta apoyada sobre ésta, y se cruzaba de brazos, pero que al oír la voz de la mujer se enderezo, al mismo tiempo que Sasha se unía a ella.
—Retírense— les ordeno de mala gana.
La mujer era más alta que Kida, tenía el cabello platinado, ojos oscuros y desagradables, solía llevar siempre una bata, para mostrar sus atributos que a pesar de tener una edad ya muy avanzada, se mantenía bastante bien.
Solía llevar su cabello atado en tomate muy bien formado.
—Supongo que Troy te informó del cliente que tienes esta noche. Es un hombre poderoso así que más te vale darle la mejor atención, pagó por adelantado así que pobre de ti si no lo satisfaces como él quiere, ¿está claro?—
Kida simplemente la ignoraba, Romi ya se lo había comunicado, no hacía falta que esa mujer fuera a recordárselo.
—Saldré un momento— dijo y le cerró la puerta en la cara a esa mujer.
La joven se acercó hasta el calendario y se quedó mirando un momento el número "21" que estaba marcado con un desacatador rojo a su alrededor. Ese era un día importante para ella, y aunque cuando estaba despierta los recuerdos eran muy vagos, durante las horas de sueño eran casi vívidos.
—Otro cumpleaños sin ustedes— dijo, y se volvió a su closet, donde busco ropa adecuada para salir.
Al final, se vistió con unas botas marrón claro hasta las rodillas, un jean ajustado de color azul, un mongomery*, una bufanda de hilo y un gorrito de lana.
La joven abandonó su habitación para dirigirse a la planta baja, donde se hallaba el bar del burdel, y que era también la salida del recinto.
—Si alguien se atreve a seguirme, lo mataré— dijo Kida una vez que se detuvo en la puerta de entrada, pero sin mirar atrás, pues el bar parecía estar vacío.
—¿Cómo demonios sabe que estamos aquí?—
—No le pierdan el rastro, debemos averiguar dónde va cada 21 de junio— decía Carlota, que llevaba una copa en su mano, y que lo estrellaba sobre la barra del bar.
—Intenta seguirme y te arrepentirás Carlota— dijo Kida, deteniéndose en la puerta principal pero sin voltearse.
—Maldita hija de puta— gruño la mujer desde la barra del bar, desde donde ella podía ver a Kida, pero esta no tenía vista hacia aquella zona.
Era un día algo extraño, o al menos así lo sentía ella. Sentía que era vigilada, hasta pensó que Carlota había ignorado su advertencia y la había estado siguiendo de todos modos, o al menos sus subordinados.
La joven se desvió de su camino para despistar a quienes estuvieran siguiéndola.
La gente iba y venía por la acera sin mirarse y micho menos le ponían atención a ella. Sin embargo, de pronto -y mientras caminaba presurosa hacia una cafetería a la que concurría habitualmente- un hombre golpeo suavemente su hombro y se acercó a su oído.
—El Presidente de FireSky quiere verla señorita— dijo el hombre, y rápidamente introdujo en el bolsillo de la joven un pedazo de papel — esta noche irán por usted al Burdel de Madame Carlota— el extraño siguió caminando como si nada y Kida se quedó de pie en el lugar tratando de entender lo que estaba pasando.
La muchacha, continuó luego de unos momentos con su camino, y entro rauda a la cafetería.
Era un lugar bastante pequeño, pero acogedor. Tenía una forma circular y justo en medio había una salamandra que mantenía el local caliente cuando los días eran como el de ese momento. Había una mesa que nadie ocupaba, pues esa era de exclusivo uso para ella, se había vuelto una clienta frecuente y los dueños le habían apartado esa mesita solo para ella.
Había mesitas también que sobresalían de las paredes, sus ventanas eran lo suficientemente amplias como para que entrara la luz de sol, las que también contaban con unas pequeñas y cortas cortinas. Había otras mesitas más esparcidas por todo el café, y en sus paredes, hermosos cuadros de paisajes de un pasado del que ya no había rastro.
—¡¡Buen día Kida!! ¿Cómo estás? Hacía mucho que no venias— le decía un chico alto, que lucía el uniforme de la cafetería-
Era un traje completamente negro, y que la parte superior se abotonaba del lado izquierdo, era en realidad muy parecido a los trajes que usaban los chef, pero algunas variaciones.
—¿Dónde has estado? — El joven alto y también muy apuesto, la miraba desde arriba, pues la muchacha era una completa enana junto a él. Su cabello negro largo y amarrado en una coleta detrás de la nunca, y el flequillo que caía sobre su rostro ocultando uno de sus ojos de color castaño, lo hacían lucir bastante atractivo. Él era el dueño de la cafetería y la administraba con su novia, la que estaba en ese momento atiendo a un cliente.
Era una chica un poco más alta que Kida, de castaña cabellera que le llegaba a los hombros, lucía unos aretes en sus orejas, y ante sus ojos llevaba unos lentes, pues la muchacha tenía problemas a la vista, y estos aumentaban un poco el tamaño de los oscuros ojos de la joven.
La joven lucía un traje similar solo que más ajustado a su cuerpo.
—Oren... me asustaste — dijo la joven con un pequeño sobresalto — Muy bien... he estado muy ocupada estos días, por eso no había venido- sonrió ella al tiempo que saludaba al joven con un beso en la mejilla.
La muchacha que estaba en la caja, dejo su puesto tras atender al cliente y corrió hacia Kida.
—¿Cómo has estado? Caray, cada día estas más hermosa mujer...— comentó la chica apartándose un poco después del abrazo y mirando a su amiga
—Ina— saludo ella — ¿Cómo estás? ¿Cómo va el negocio?— respondía ella con la misma pregunta.
—Muy bien, te extrañábamos— decía la joven mientras la llevaba con ella hasta la caja registradora donde empezaron a platicar.


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